Clases en grupo y privadas.
Brindo un enfoque budista al yoga (literalmente práctica-entrenamiento integral) de cuerpo, habla y mente-corazón (las tres vías de acción en el budismo) hacia acciones hábiles o íntegras (kusala-karma). Esto es, desde la luz de los principios budistas del cultivo de mindfulness (sati/smṛiti) y la benevolencia amorosa (mettā/maitrī).
Para practicar conmigo no es necesario que adoptes ninguna creencia ni mucho menos fe ciega, simplemente ganas de entrenarte y cuidarte, una disposición a abrir tu corazón y realizar la salud integral de cuerpo, habla y mente-corazón (citta).
Aunque en mis sesiones me enfoco en la práctica del hatha yoga (físico o de las posturas) y en la práctica de meditación, lo haremos desde el contexto del Noble Óctuple Sendero, que podemos resumir más fácilmente en el Triple Sendero del cultivo de la ética budista (sila), meditación (samadhi) y sabiduría (pañña/prajña). Los estilos de hatha yoga que uso son fundamentalmente Iyengar, Vinyasa y Scaravelli. Además, iniciaremos con mantras (literalmente símbolos sonoros de entrenamiento mental) y/o pequeños rituales significativos.
Quizá seas una de las personas que siempre ha asociado el yoga al hinduismo, con sus característicos mantras hinduistas y los estilos del yoga físico o de las posturas (hatha yoga) de Iyengar, Ashtanga, Vinyasa, Yin, Kundalini, etc., que surgieron entre los siglos X y XX. También solemos asociar el yoga solo con el yoga físico o de las posturas (Hatha Yoga), pero en realidad este es solo uno de ocho factores, no solo desde la perspectiva de los Yoga-sutras de Patanjali (compilados alrededor del 400 d.C.), sino incluso cientos de años atrás en la perspectiva del Noble Óctuple Sendero (la cuarta noble verdad del Buda sobre el sendero que conduce a la iluminación), de donde muy probablemente se haya inspirado Patanjali de acuerdo a varios académicos (lee más en el artículo: Genealogía e Historia del Yoga Budista: De los Orígenes Śramaṇas al Tantra Vajrayana).
Aunque en el budismo no existe la idea de un Dios Creador, es evidente que contiene en su filosofía un principio de trascendencia (específicamente del apego al yo y del yo, de trascender del estado meramente mundano e incluso humanista, al de la iluminación o despertar espiritual), lo que en su propio derecho le da un carácter «religioso» a pesar de la mala fama de esta palabra. Pero el budismo, a diferencia de quizá la mayoría de las religiones e incluso muchas filosofías de la historia humana, contiene muchos mecanismos de autorrefutación (Richard Gombrich, What the Buddha Thought), pues el Buda estaba muy consciente de la gran tendencia humana al autoengaño (atma-moha) y el dogmatismo (upaddhana-dhitti); por lo que insistía que no le creyeran nada de lo que él decía, sino que lo pusieran en práctica y verificasen por sí mismos la efectividad de sus enseñanzas hacia la liberación, el contentamiento y la verdadera felicidad interior. De forma que podemos decir que el budismo conlleva implícito un enfoque de sano escepticismo, en el sentido filosófico de sano cuestionar y dejar atrás presuposiciones, especulaciones y precipitadas conclusiones, sobre todo de carácter metafísico.